Falsa carta de suicidio #1 (a Genoveva)

Querida madre:

Me mata la curiosidad. 
Antes de nacer ya estaba muerto ¿no?
Llevo puesto una camiseta blanca y unos pantalones vaqueros. 
Voy descalzo. 
Una lágrima lenta baja por una de mis mejillas, pero no empañan este papel puesto que estoy escribiendo en un ordenador.
Esta lucidez cansada, que hace que tome la decisión de dormir, es gratuita. 
No sé lo que es eso que llaman nihilismo, no he tenido la paciencia ni la concentración para leer los libros de esos autores. 
Yo me considero un libro. 
Voy aprendiendo de mi cuerpo y de mi mente, y de cómo reaccionan para aprender y saber de qué va todo esto de estar vivo, de vivir en sociedad, de la vida junto a la naturaleza.
Que haya tomado esta decisión de dormir puede que signifique que no te quiero, y que haya decidido escribir esta carta puede que signifique que sí. 
¿Quién decide qué es la verdad? 
¿Matar a otros o matarse a uno mismo es bueno o malo? 
¿Quién lo dice? ¿La moral, la ética, las normas? Pero los hombres han creado esa moral, esa ética, esas normas. 
Creamos constantemente. 
Pero la nada nos gana.
Puede que me esté volviendo loco. 
¿Pero qué es estar loco o cuerdo? Volvemos a lo mismo. Una y otra vez. 
Todavía no sé cómo quiero llegar a dormir. 
Lo divertido del sexo es que no se necesita nada más que dos cuerpos, o uno, para hacerlo. 
Me gustaría que dormir fuese de la misma forma. 
Pero esperar sentado en esta silla a que me vaya entrando sueño me llevaría mucho tiempo. 
Sería como un ayuno. 
Puede que hasta me convirtiese en un espectáculo, en un héroe. 
Por eso, estoy barajando varias ideas. 
Por un momento pienso en que me gustaría que fuese algo instantáneo, ya sabes, para que sea lo menos doloroso posible. Pero por otra parte me gustaría deshacer el círculo.
Me refiero a cuánto tardé en salir de tu barriga. 
¿Cuánto duró el parto? 
Supongo que a eso debería sumarle 9 meses de gestación y el coito con papá. 
Son muchas cuentas, imagino, pero sería ideal poder tardar lo mismo en dormir y disfrutar del proceso al revés.
Quizás pienses que todo esto es un poco perverso, pero qué más perverso que no saber nada sobre de dónde venimos y adónde vamos. 

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