Hermano Balón


Mi padre no se separaba del balón. Le poníamos cubierto en los desayunos, comidas, meriendas y cenas. Era como mi hermano pequeño. Cuando mi padre trabajaba yo solía jugar con él, pero no al balón, no quería que se sintiera diferente. Llevaba demasiadas patadas. Le vestía con las telas de costura de mi madre, lo plantaba en el suelo y le cantaba la lección del colegio. Veía la tele con nosotros, le encantaba "Pepa y Pepe" y las películas de Chaplin. Los domingos nos bañábamos juntos, junto a otros juguetes. Tenía su propio catre. Pero no era ni un perro ni un gato. Antes de que se lo llevara mi padre al partido, rodaba excitado por el salón. Alguna vez rompió algo, como cualquier niño. Balón Ceballos Cristiano. Cuando se deshinchaba le ponía capítulos de Oliver y Benji para subirle el ánimo. Envejecía de otra manera, y acabó siendo el hermano mayor. Flojo, le poníamos la bomba de aire. Lo paseaba por el parque en brazos mirando con nostalgia los partiditos de los alevines. En su extrema unción, vino el árbitro del barrio. Su último deseo fue que lo convirtiéramos en un neceser. Ahora está lleno de Aspirinas y Betadines. A veces me hago el skincare mientras veo los mundiales. Fue un hermano redondo, en todos los sentidos. Cuando veo la luna llena me acuerdo de él, de mi hermano balón.


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