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Armario.

Mi ropa ha cambiado tanto de armario que las camisas, la mayoría estampadas, lamentan estar en fila cada cierto tiempo, no se acostumbran, a cada cubículo nuevo dicen que se agobian al tener que despedirse de sus amigas las baldas. Los zapatos adoran cambiarse y no tener que andar, metidos en cajas o bolsas reposan, pero los pijamas y la ropa interior son muy sensibles y detestan los cambios de olor de las maderas y algo esnobs también son, ya que no soportan el diseño de muchas de las cómodas. Los pocos sombreros que tengo en mi posesión me reprochan que tendrían una vida más estable encima de un espantapájaros y que al menos así respirarían aire puro. Estarán siendo muy desagradecidas las bufandas y los foulards, acostumbro a fardar de ellas, pero exigen siempre estar encima de un galán. Los únicos que me apoyan son los pantalones, siempre tengo la misma talla, nunca me aprietan salvo a veces cuando ven a otros pantalones.

Decidí encender una vela en la Iglesia de las Calatravas porque me dije: voy a cubrir todas las posibilidades de que alguien me ayude. Además, tenía cambio en monedas, había tomado un café olé. El frío azul que hacía intensificó aún más mi deseo de plegaria. Quería prender un cirio, para agotar todas las posiblidades de auxilio, y como ya conocía su cúpula, aumentó mi deseo de contemplarla gracias a la belleza de sus frescos. Al entrar sólo había un fiel, arrodillado, y tapándose la cara con las manos, implorándose a sí mismo. La concha de agua bendita estaba seca y me bendije con lo que parecía ser un poco de café molido que había quedado entre mis dedos. El Cristo de la Cafeína. Fui directo a la sección de velas. Como consumidor sé lo que quiero, incluso en productos metafísicos. Saqué el euro del monedero de oro. Lo introduje en aquella hucha de metal, y escogí una cerilla al azar. No tenía whiskey, no tenía helado de vainilla ni nata, pero al quedarme hipnotizado con la llama no pude evitar por encima de todo anhelar una sola cosa: un café irlandés.

Naufragio, abecedario, tesoro

Arde el Agua Babea el Barco Canta el Capitán Duelen los Dedos Enteros Enderezan y Fallan los Fuelles Gritan los Grumetes Hielan los Huesos Ignoran las Iglesias Jinetes Joyas Karate de Kilates y Lamen Linternas Miente el Mar Nada el Naufragio Oscuro el Oráculo Pantalla de Peces Quema de Quejas Ruta de Rabia Sangre Salada Timón Talado Úlcera de Ultramar Visión de Valses Whisky Wagner boXeo oXidado Yoyó de Yates Zen y Zozobra.