Dólar

-       Te he traído un regalo.
-       (le da un dólar)
-       ¡Un dólar! – ¡Gracias!
-       Puedes ponerlo en la nevera con un imán.
-       ¿Cómo que has traído un dólar de Costa Rica?
-       Se podía pagar con dólares americanos.
-       ¿Qué tal el vuelo?
-       Estuvo muy bien, no tuve a nadie a mi lado.
-       Recé por ti a la hora del despegue.
-       Ah
-       (…)
-       El vuelo desde San José si fue horrible.
-       Hum, estaba durmiendo a esa hora.
-       Ya, no se puede rezar dormido.
-       (mira de nuevo el dólar)
-       Nunca había visto uno, sólo en las películas.
-       Toma otro, utilízalo como marcapáginas.
-   Estoy leyendo el Manifiesto Comunista.
-       Utilicémoslo de otro modo.
-       Hum
-       Métemelo en el pantalón mientras bailo.

…

Recuerdo

Recuerdo muy feliz cuando me tiraron por primera vez a la piscina con la ropa puesta.

Feria


Absorber el algodón de feria pomposo
de polvo de ángel rosa sabroso
derretido en la boca ociosa de papilas glotonas
y sulfurantes.

Desde que ocurrió

Desde que ocurrió hace sólo unos días no he podido recuperarme del todo. Sólo un ir de un lado para otro tambaleándome. Aunque en el fondo sabía que no supondría nada cuando pasara algún tiempo. Simplemente continuaba sin saber por qué. El tiempo no era suficiente. Todos los consejos se quedaban en nada. Mis padres, mis hermanos, mis amigos, mi jefe, mis compañeros de trabajo. Pero yo no podía dejar de pensar en ello. ¿Era yo el verdadero culpable? Caminaba intentando olvidar. Veía algunas películas que me recomendaban para intentar superarlo. ¿Por qué era diferente? ¿por qué tantos porqués y ninguna respuesta? El resto de mis problemas eran absorvidos. Conseguía llevar una vida normal. Dormía y soñaba cosas de todo tipo. Pasaba el tiempo en lugares comunes. Iba al teatro. Pero a veces volvía a mí de tal forma y con tal fuerza que no podía más que admitir que era algo humano, demasiado humano. Pero ¿por qué yo? Sin embargo, lo que me ocurrió me hacía parecer más atractivo a los ojos de mis amigos, de mis padres, de mis hermanos, de mi jefe y de mis compañeros de trabajo. Eso me hacía sentir seguro dentro del desastre. Parecía llevarlo siempre encima como un tatuaje. ¿No os parece bella la forma de champiñon de la bomba atómica? Desnudo lo notaba más, me sentía enrarecido cuando lo pensaba. Si me preguntaban, nunca mentía, siempre decía la verdad aunque me costase. Es cierto, que, en ocasiones, inventaba historias para justificarme o le pedía a quién me acompañaba que la contara en mi lugar. Mis padres no se avergonzaban delante de sus amigos, al contrario, me acariciaban el pelo y sonreían. Eso me ponía de los nervios. Quería acabar con lo que me ocurrió ese catorce de abril y que sigo arrastrando y reflejando en todo lo que hago: desde cuando meto los platos en el lavavajillas o escribo. Ese algo que ocurrió eres tú.

ROSAS AMARILLAS

Cuando abrí la puerta de la floristería estornudando, sonó la campanilla colgante, me dirigí al mostrador y pregunté al floristero si tenían servicio de envío a domicilio.

No había consultado el significado de cada una de las especies de flores. Me había plantado allí habiendo leído sólo algunos poemas de "Las flores del mal". Tenía claro, eso sí, que no quería que fuesen flores de color rojo porque simbolizaban pasión, y aunque la sentía, no quería demostrarlo.

El floristero me recomendó enviar orquídeas en una pequeña maceta. Pero yo quería flores con espinas en los tallos. Quería que fuese un regalo lo más caduco posible. Quería que se cayesen los pétalos y se pudieran utilizar como marcapáginas para libros.

Ante mi brote alérgico, el floristero me entregó un enorme sobre para escribir en él la dirección a la que irían dirigidas aquellas flores que todavía no había escogido y una diminuta tarjeta para escupir una nota. Decidí utilizar la técnica de la escritura automática. Puede que ésto fuese un error, pero al menos lo que escribiese, sería verdad. Descubrí que enviaría un ramo de rosas amarillas. Fueron las únicas flores que pudieron distinguir mis ojos acuosos. El espacio que tenía para expresarme estaba limitado a un haiku de amor: Estornudé sobre ella y escribí: "Eres mi spleen ideal". Adorné la frase con una firma inventada, como símbolo de un nuevo comienzo o de un nuevo final. Sellé la fecha en números romanos.

A día de hoy la persona a la que mandé flores no ha dado señales de vida. Ni de agradecimiento ni de desagrado por aquellos capullos. Debí llamar al floristero para confirmar si el envío se hizo correctamente. Luego supe que simbolizaban amistad. Pero prefiero imaginar que ese ramo de rosas amarillas tenía como destino no llegar nunca a su destinatario.

Cinéma

Comenzó a llover. Un poco desorientado
busqué un cine. Sabía que había uno cerca
buscaba una sala de cine para refugiarme
como en un templo.

Vi a lo lejos el neón rojo
Corriendo hacía la cartelera
No me interesó demasiado ninguna película
Fumé un cigarrillo en la puerta
Observaba París andar rápido
Buscando un café o un centro comercial
donde refugiarme como en un templo.

Sex-shop (París)

Entro en un café del 18 arrondissement-
Pido una pinta-
Me siento en la mesa al lado de la ventana que da a la calle-
Veo que el bar está en frente de un sex-shop-
Cuento las personas que pasan por delante sin entrar-
Ocho personas solas-
Más de diez repartidas en grupos-

Una persona sale del sex-shop-
Me he bebido la pinta en veinticinco minutos.

Duelo (cowboy) (15 pasos)

Espalda contra espalda. El limbo del primer paso. La gota fría en la sien del segundo. El tic en el ojo del tercero. La mandíbula tensa del cuarto. El rezo interior del quinto. La piedra en la bota del sexto. El leve desequilibrio del séptimo. Percibir el sonido del viento en el octavo. Las preguntas del noveno. Preparar mi mano en el décimo. Desperezar los dedos en el undécimo. Contemplar el horizonte en el duodécimo. En el treceavo la mirada en el suelo. Abrir levemente las piernas en el catorceavo. Darme la vuelta en el quinceavo y disparar. Seguir vivo quieto en el cero.

[Funambulista] (pasos)

El primer paso flojo sobre la cuerda fue fácil. El segundo con el izquierdo estaba ya todo decidido. Veía a la gente diminuta. El silencio sepulcral reinaba. Ya lo había hecho otras veces. Paso a paso mi espada la pértiga me protegía. Podía temblar si quería. Eso aumentaría aún más mi proeza. Las gaviotas bailaban. Un minuto antes me había proyectado llegando sólo a la mitad del trayecto. Las manos me sudaban. Las mallas me quedaban pequeñas. Había engordado porque la representación de Hamlet fue un éxito. Comenzó a llover. A partir de ahí, todo empeoró. No llevaba ropa interior. Los gritos de las madres tapando los ojos a sus hijos me desconcentraban. La vi al otro extremo de la cuerda. Sus ojos parecían decir: habrá recompensa. El anillo en su dedo anular me deslumbraba. Continué únicamente porque la amaba y quería llegar hasta ella, sin red.


Oasis

No veo nada. Mis pies se hunden cada vez más en la arena. La túnica pesa. Los billones de estrellas me agobian. No vislumbro la luna por ninguna parte. No sé en qué dirección camino. Hace mucho frío. Los granos de arena golpean mi cara por el viento. Estoy solo en medio del desierto. Supongo que tardo una hora en subir cada duna. Tengo sed. Tengo miedo. Estoy agotando el instinto. Ya no recuerdo cómo he llegado hasta aquí. Y no consigo imaginar que pasará. Las probabilidades parecen nulas. Bebo el sabor salado de mis lágrimas. Me balanceo y continúo andando a rastras. Me arden las líneas de las manos. Caigo tendido boca abajo. No puedo moverme. Apoyo la barbilla sobre el zurrón vacío y al mirar al frente por última vez, distingo, a lo lejos, un oasis.

No estoy preparado para decepcionaros



No estoy preparado para decepcionaros,
de nuevo,
ya las piernas me tiemblan bajos estos pantalones brillantes
negros.
He ensayado la mirada perdida
de perro
de desafío
de gato
de reto
a hacer lo que quiera
a pesar de no estar preparado para decepcionaros.

Farmacia

Mis labios me queman, heridos por el frío parisino, rojos.
Entro en una farmacia de los Campos Elíseos y
lo explico perfectamente.
Compro una barra de Avène Eau Thermale,
Cold Cream, 
Stick Lévres,
Lip Balm.

Notas sobre cómo ser escritor


Empezar por el final. Escribo por una sola razón: la soledad me obliga. Me obliga a matar el tiempo para no sentir el aburrimiento. Algo hay que hacer cuando uno se siente especial, y hay que aprovechar los esfuerzos que se han hecho por mantenerse al margen hasta llegar a ese punto en que la única persona que podría ser tu amigo es tu padre, ya anciano, que reclama un poco de paz y no un hijo-amigo. Leer es escribir más tarde. Elige algunos autores al azar. Estudia sus biografías y copia o desea ser tan interesante como ellos. Luego ya tendrás tiempo de escribir. Pasea tu saco de huesos por bibliotecas, museos, cementerios y otras heterotopías. Hay una razón por la que estás en una biblioteca: las filas de libros son trincheras que te protegen. No eres un extraño en ellas. Quieres ser escritor pero sólo te gustan las portadas de los libros: su color, los títulos de las obras y encontrarlos por sus signaturas. Desea a los amantes de los escritores que has elegido leer al azar. Busca entre las miradas furtivas de la sección de "Poesía y ensayo francesa", en los silencios y en la forma de agacharse para buscar un libro en la estantería más baja. Esta búsqueda también vale para el supermercado. Bebe alcohol sólo si tus autores favoritos lo hacen. Pero escribir algo con sentido borracho está reservado a unos pocos. Di a las pocas personas que conoces que eres escritor. Si insistes acabarán creyéndolo. Léeles algo de lo que has escrito sin que te lo pidan. Persígueles si es necesario, y luego no vuelvas a leerles nunca nada. Más tarde irán a ti para preguntar. Pensarán que el hecho de que no vuelvas a insistir implica que has escrito algo interesante, algo que quieres ocultar y que por ende, que podría interesarles. Ten periódicamente bloqueos creativos, incluso antes de empezar a escribir nada. Intenta escribir lo menos posible. Cuando lo hagas, lo que escribas tendrá más valor. Combina libros de bolsillo de ediciones baratas con la lectura de enciclopedias que pesen más que tú. Ojea en los puestos y en las librerías pero nunca compres nada. Ahorra. Siempre hay algo en casa que todavía no has leído. Devora las lecturas fáciles y a mano: los componentes de lo que comes o del gel del baño. No leas mientras estás sentado en el váter, quizás sólo lo que escriben algunos autores o los que dicen ser tus amigos. Di que hay que vivir primero experiencias interesantes e intensas para luego tener material con lo que escribir, pero nunca hagas nada. Pasea mucho por los parques, pon cara de que la naturaleza te fascina aunque en el fondo no sientas nada. Crítica a otros autores aun no habiendo leído sus obras. Critícate a ti mismo pero teniendo siempre en mente que eres genial. Lee sólo los estudios sobre ciertas obras, los prólogos de las diferentes ediciones o entrevistas del autor sobre la obra, nunca la obra en sí. No muestres que te sientes feliz. Todos sabemos que la felicidad no existe. Y además la felicidad es enemiga de estar maquinando nuevas historias profundas y oscuras que podrán servirte como material para un microensayo. Afirma que entiendes a Borges. Inmediatamente después habla de su ceguera y de que el último color que vio antes de quedarse ciego fue el amarillo. Pasa a hablar de los colores. Busca los lugares comunes, en especial “La Gaviota” de Chéjov. Escribe sólo títulos, los títulos de tus propios poemas, nouvelles, ensayos y dramas. Sólo títulos, luego ya tendrás tiempo de escribir las obras, o de producir una sola sólo de títulos. Escribe cartas a tus amigos diciendo que estás escribiendo mucho, aunque no sean amigos y aunque no sea verdad, en ese momento estarás escribiendo algo y eso es algo que no podrán negarte. Puedes escribir en servilletas de bar, pero no te limpies luego con ellas: la tinta va a los dedos y de los dedos a la camisa. Todos sabemos lo difícil que es quitar la tinta. No gastes dinero en papel. El mundo está lleno de espacios donde poder escribir. Los dorsos de las facturas y de las amenazas, las páginas finales de los libros, el papel higiénico, las paredes. Mantén tu atractivo mientras destrozas tu belleza. Fuma un cigarrillo tras otro sólo delante de la gente. Llora de vez en cuando, luego ríe desmesuradamente. Que vean que puedes escribir tanto comedia como tragedia. Lee de vez en cuando los resúmenes de los capítulos de “El Quijote” que hiciste en el instituto. Todo lo que escribas destrúyelo. Perfecciona tu tiro a la papelera, luego ganarás a tus amigos al baloncesto. Vive a costa de la gente que tienes a tu alrededor. Ellos piensan que los escritores malviven. Aprovéchate de la situación. No te tomes en serio, pero cuando otros no lo hagan, indígnate. Reflexiona de vez en cuando sobre lo que quieres conseguir escribiendo aunque en el fondo estés pensando en dinero. No hables mucho. No te delates. Ahorra palabras. Pinta, diseña, esculpe. En resumen: no escribas.

Nos sumamos

Pienso en que en el futuro reconoceré tus cualidades en él,
una suma más, una razón más por la que le amaré.

He visto al resto de mis amantes pasados en ti:
sus sonrisas, sus historias, sus silencios
me recuerdan.

Es un lío. Un montón de piedras y rosas
tiradas sobre ti, que deforman lo nuevo
para lo viejo de mí.

Yo tengo las cualidades de tus amantes pasados,
a que sí,
lo especial de las miradas ya traducidas
de las cabezas gachas o erguidas
de tus amantes
de tus amantes pasados que reconozco en mí
ahora
cuando me sonríes o dices entender
lo que quiero decir: son mentiras
mezcladas con bromas
con melancolía.

En la noche, cuerpo a cuerpo, docenas de mí y de ti.

Idea

La mesa
Las cortinas anudadas
El silencio
La alfombra
La papelera desbordada
La maleta abierta en el suelo
La herida
Una nube blanca de humo de cigarrillo
Una nube blanca que atraviesa la ventana
La forma definitiva de la herida
La cura
La cicatriz
El teléfono mudo
El paraguas apoyado en la pared
La cama
Un jarrón con flores
Las piernas cruzadas
El dedo índice en la boca
La mirada furtiva en el espejo.

El rugoso sonido del lápiz sobre el papel.

Fundido a negro metalizado

Salía del supermercado con una bolsa de plástico repleta en cada mano como pesas cuando desde un arbusto observé obligado como una puerta de coche se precipitaba sobre mí a trescientos kilómetros por hora. La puerta era negra metalizada, con una ventana de cristal no ahumado. No pude comprobar de qué marca de coche se trataba. En ese mismo microsegundo congelado, reparé cómo hacia mi izquierda volaba una rueda y a mi derecha lo que parecía ser un casco de moto. Tampoco pude apreciar si contenía una cabeza dentro o no. La puerta del coche que se iba precipitando hacia mí la percibí como un objeto familiar. Me acordé de Jesús. No de Jesús de Nazaré, sino de Jesús Fernández, mi primer amor. Hacía buen tiempo y había decidido hacer la compra. Me había levantado con hambre. Justo había leído una frase el día anterior: "Si se tiene apetito, es que todo va bien". No era el caso. Había comprado todas y cada una de los productos que había apuntado en la lista. Los había tachado uno por uno cada vez que los encestaba en el carro y sumaba los precios con una calculadora. Todo para nada. Todo para lo que parecía que iba a acabar en una puerta de coche viniendo hacia mí a trescientos kilómetros por hora. No llevaba una muda encima. Antes de todo, o de nada, pude verme reflejado en su cristal no ahumado. Estaba guapo esa mañana. El tedio del sobreesfuerzo por haber paseado durante tanto tiempo en el supermercado me había dado un aspecto desenfadado. Sólo podía pensar en toda la comida desparramada y espachurrada sobre el camino y que la cajera me había ayudado amablemente a introducir escrupulosamente en las bolsas. -Que pase un buen día- me había dicho. Yo me lo había tomado como una promesa. Porque creo que lo dijo de verdad. No creo que esa cajera fuera tan buena actriz. Lo que no era, era una buena vidente.

Esa tarde decidí ir solo al cine.

Esa tarde decidí ir solo al cine.
Justo antes de que empezara la película, cuando ya habían pasado los anuncios y los tráilers y la sala estaba completamente a oscuras, alguien se sentó a mi lado. Me pregunté por qué no había elegido sentarse en algunas de las otras cientos de butacas que estaban vacías. La miré a los dos segundos. Ella me miraba y dejó de mirarme cuando yo la miré. Cuando volví a fijar mi mirada en la pantalla, sentí como ella volvía mirarme. Luego volví a mirarla aprovechando que no me miraba. Dicen que a la luz de las velas todos parecemos más atractivos, que borra todas nuestras imperfecciones. Pero confirmo que la luz de la pantalla del cine también. Decidí relajarme y no pensar más en aquella intrusión en un espacio público y concentrarme en la película, en aprovechar cada uno de los euros que había pagado por verla. En una de las escenas, ella comenzó a reírse, intentando contenerla para no molestar al resto: eso me gustó. No sé por qué motivo yo también comencé a reírme. Pero creo que notó que yo también me reía y ella dejó de hacerlo. Tenía mucha curiosidad por ese perfil que hasta ahora sólo intuía. Intuía sus piernas elegantemente cruzadas, apretadas fuertemente. Cambió varias veces la postura de sus piernas. Yo también lo hice. Durante parte del metraje conseguí evadirme por completo de aquella presencia desconocida. La película no me pareció muy buena. Nada más acabar y empezar los créditos finales, los nervios recorrieron mi cuerpo. ¿Se irá ahora mismo? o ¿verá los créditos hasta el final? Ella no se movía de la butaca, yo tampoco. La gente comenzaba a levantarse. ¿Que ella no lo hiciera significaba que estaba interesada en mí? pero, ¿estaba interesado yo en ella? Fingí poner mucha atención en la lista de temas musicales, imposibles de retener a la velocidad en la que aparecían. De repente y antes de que aparecieran los agradecimientos, se levantó bruscamente y se marchó. Me dejó solo. Pensé que no había razón para enfadarse, pues yo era el primero que podría no estar interesado en ella. Aguanté, alargando y disfrutando del tema musical principal, solo en la butaca hasta que encendieron las luces. Estaba tan a gusto, que salir de la sala era como salir de la barriga de mi madre y tener que enfrentarme al mundo. Mientras salía, me pregunté si ella estaría fuera esperándome. ¿Cabía esa posibilidad? Era agradable esa excitación que sentía ante la posibilidad de que estuviera fuera, sola, esperándome. ¿Por qué no? La pregunta era ¿yo habría hecho lo mismo? Cuando abrí la pesada puerta de la entrada principal del cine, allí estaba, apoyada en la pared fumando un cigarrillo. Fumaba con los guantes de lana puestos. Me quedé quieto en la puerta porque realmente no esperaba encontrármela. Ella me miró fijamente, y tras las dos últimas caladas a su cigarrillo, lo tiró al suelo, lo pisó y se marchó pausadamente, como si tuviera demasiado tiempo y le sobrara y eso no le gustara. La seguí a unos metros de distancia. Era difícil mantener el ritmo para no alcanzarla. Cruzamos la esquina y andamos separados por la avenida. Yo esperaba una señal, me repetía con fuerza: date la vuelta, date la vuelta. Supe que quería que la siguiera porque finalmente se giró. Yo tuve que pararme. Una masa de gente venía hacia mí. Ella continuó andando, paseando. Entró en un restaurante. Empecé a andar más deprisa, y cuando entré, ella ya estaba sentada en una de las mesas para dos. Yo me senté en frente en otra mesa para dos, con una mesa para dos vacía entre los dos. Ella pidió una copa de vino blanco. Por acompañarla tomé yo también una. Mientras comíamos nos mirábamos. Mientras masticábamos sonreíamos. Fue una velada muy agradable. El servicio fue rápido, amable, estupendo. No sabía si pedir un café, me moría de ganas, pero tenía miedo de demorar más la cena y que ella se marchara sin pedir postre. Ella pidió un trozo de tarta. Pagamos las cuentas, firmamos los recibos bancarios y dejamos las propinas. Esta vez quise salir yo primero del restaurante para confirmar si ella estaba dispuesta a seguirme a mí. Mientras cruzaba la pesada puerta del restaurante sentí miedo de que ella estuviera saliendo también, pero por la puerta trasera. La brisa helada me golpeó en la cara. Saqué del bolsillo del abrigo un gorro de lana y mientras me lo ponía tuve miedo de que no me reconociera. Comencé a andar por la avenida. Veía no muy lejos la plaza. Me di la vuelta: me seguía. Hacía tanto frío que por instinto entré en un bar en el que no había entrado antes. Pensé que quizás a ella no le apetecería estar sola en un bar, pero lo hizo. Mientras yo me acomodaba en la barra y pedía una cerveza, ella comenzó a bailar en la pista, deshaciéndose de sus complementos y dejándolos sobre uno de los sofás, balbuceando la canción que sonaba. Todo estaba muy oscuro. Supuse que de nuevo tenía una sonrisa en la cara. Yo también conocía la canción, siempre me había parecido una canción estúpida pero resultó que me la sabía de memoria. No estaba dispuesto a beber más. A ella le pareció que no era necesario alargar más la noche y comenzó a volver a ponerse todos los complementos, mirándome de reojo con sus ojos verdes, marrones o azules. Salimos juntos del bar. Subimos juntos las escaleras que llevaban a la calle sin decirnos nada. No era necesario, al menos por ahora. Empujamos a la vez la pesada puerta de salida del bar y nos encontramos en la calle. Sus ojos eran verdes. Nos besamos.

MH370

-Buen viaje. -Gracias, dormiré. -Hablamos. -Sí. -No te quiero. -Yo tampoco. -Sin embargo. -Sin embargo. -No cojas ese vuelo.

Telón

- No imaginas lo alto que estaba, veía a la gente pequeña, muy pequeña, como puntos.
- Calla, va a empezar la obra.
- La gente sigue murmurando. Díselo también a ellos.
- Siempre tienes que tener la última palabra. Apaga el móvil.
- ¿Podrías dejar de hablar tú ahora?
- ¡Silencio! shhhhhhhh ¿no te das cuenta que si no te hubiera dicho nada te hubiera sonado el móvil en medio de la función?.
- (Aplausos)
- Los aplausos aplacan mi voz.
- De acuerdo, puedes hablar hasta que acaben de aplaudir.
- (Aplausos)
- Te quiero.
- (Aplausos)
- ¿Cómo?
- (Silencio en la sala)
- !Te quiero!

Mais elle est apparue

Ta cigarette jamais ne se consume
Tu es une étoile sur le point d´exploser
Tu ne dors pas
Ton téléphone est toujours éteint
Je t´aime Je ne te crois pas
Mais tu me fais me sentir spécial
Ça me va
Tu m´humilies avec ton mépris
 Mais au moins il m´est ádrese
Cette douleur est à moi seul
Ton sourire est toujours sarcastique
Mythomane
Tu as des posters de toi-même
Tu ne rêves pas
Tu te venges de moi avec ta beauté
 Tu me défies nue en face de moi
Tu m´as volé à mes amis
Tu plais plus à mes parents que moi
Ils seront toujours à moi
Tu ne manges pas
Ta personnalité kaléidoscopique
Tu te ris de moi
Ma façon de m´habiller est adécuate
Tu me dis que je suis un garçon facile.
Tu sais que je n´arrive jamais au bout
Ça doit être que je suis difficile
Tu m´as craché
Je ne te suis pas indifférent
Mes silences sont plus forts que toi
Je ne sais pas de qui tu me parles
Mais tu me parles à moi
Tu es une faveur pour moi
Je suis connecté
Je te supportes en me supportant
Tu m´as forcé à me regarder dans le mirroir
Tu m´as insulté
Ton verre de vin est toujours plein
Tu m´as volé mon meilleur t-shirt
Tu dis qu´il te va mieux
Tu as envahis ma maison, mon lit
Tu m´as forcé à écouter tes disques
À te lire l´horoscope
Tu ne t´adresses pas à moi
Tes amis qui avant étaient les miens
Ne savent même pas que j´existe
J´ai besoin de toi Je voulais être comme toi
Avoir quelqu´un qui m´adore
Pendant la nuit je remercie
J´ai été un esclave
Mais elle est apparue.

Traducción: Hugo Rivain

O Corvo

Enquanto estava no alto da torre do castelo, um bando de corvos negros sobrevoavam o meu lanche. Estava mesmo a abrir a boca para o meu primeiro bocado quando um deles abalançou-se sobre mim para obter o seu. Os grupos de turistas andavam longe no museo abaixo. A solidão daquela torre era partilhada pelo corvo e deixei-me roubar pela lei do mais forte. Para que desaparecesse lancei o meu lanche ao fosso. O corvo voo em queda livre para o fosso mas o resto do bando ainda estava a olhar para mim e decidi lançar também o meu anel e todos foram à sua procura deslumbrados pelo raio de luz dourada. Abri o meu guarda-chuva e reparei no céu, na nuvem preta que vinha. Assomei a minha cabeça pela torre e vi um dos corvos com o bico presso pelo anel sem conseguir abri-lo para comer o meu lanche.

Sobre el suicidio y la moral de lo absurdo

Quiero morirme. Mejor dicho, quiero decidir cuando muero. Tirarse desde un veinteavo o pegarse un tiro en la sien están en el top de los suicidios, pero en esta ciudad es demasiado difícil encontrar una pistola o un edificio demasiado alto para hacerse papilla. Puede que esto sea una excusa, pero me gustaría que fuera algo fácil. ¿Por qué dejar que la muerte decida por nosotros? ¿Si el ser humano está a la deriva en su vida, qué mínimo que decidir cuando acabar con ella? Los nudos que aprendí en los boyscouts se me han olvidado, ahora me servirían para colgarme. ¿Y los que quedan en la Tierra? ¿Cómo se sentirán? HORRIBLE. Pero el tiempo es relativo, el universo se expande y luego implosionará. No es una invitación a suicidarse en masa, pero ¿por qué no es moral hacerlo? Una proeza sería suicidarte ingiriendo litros y litros de agua o apretar tan fuerte tu nariz y cerrar tanto la boca hasta quedarte sin oxígeno y morir. Si los anuncios publicitarios en las carreteras y en la televisión fueran sustituidos por notas de Kafka o Kierkegaard lo haríamos constantemente, competiríamos por tener la mejor forma de suicidio, la más innovadora, la más cara, y suicidarse sería un "estilo de vida". Dios nos está robando descaradamente los mecheros. Tiene una gran colección en casa. No es consciente de que lo hace, pero nos molesta.
Como todavía no he tenido el placer de conocer a alguien por el que suicidarme por amor, me conformaré con hacerlo por mí mismo y a modo de dar un "sentido a mi vida". ¿Alguien le ha preguntado a tus sobrinos si les gusta esos lazos rosas y esas calzonitas a juego con los calcetines? Aguantar la vida es un proeza y una decisión interesante que puedes adoptar, pero tendrás que ser consciente de ese sufrimiento a cada segundo. No puedes engañarte a ti mismo con la felicidad. Si Dios nos devolviera los mecheros que nos ha robado y que guarda sin saberlo, estaría diciéndonos mucho más: el cielo existe y no hay mecheros en él. Yo aprovecharía para preguntar: ¿Por qué la tecnología no ha llegado a los carritos de la compra? ¿Siempre hay que ir vestido de blanco? ¿Si a la derecha está el Padre, yo donde me siento?.
¿Y si la Muerte te pilla en un momento ridículo del día? ¿En plena lectura en el baño, por ejemplo? ¿No será mejor decidir morir después de un momento interesante de tu vida? Morir durante el acto sexual, por ejemplo. ¿Dónde nos llevaría esa mezcla de orgasmo y muerte? Todos sabemos lo que es estornudar y eructar a la vez: un lío. Para las personas que tengan mucho dinero ¿Comer dinero hasta reventar? ¿ahogado por una montaña de monedas de un céntimo? Convertir el acto suicida en una obra de arte puede que te lleve a la posteridad. En los veinte Duchamp podría haberte tirado un urinario a la cabeza. Todos es tener contactos en el mundo del arte. ¿Eutanasia con arte? ¿Inmolación con técnica mixta? Morir por amor al arte sería morir por una causa noble. Suicidarte por una causa noble es una estupidez noble. Suicidios para denunciar injusticias sociales, huelgas de hambre por asuntos políticos. Los suicidios por asuntos nobles tendrán portadas en todos los periódicos del mundo ¿Qué perfil darás: el derecho o el izquierdo? ¿Quién podrá hacer la pose de las estrellas en la alfombra roja, mientras, no sé, se embadurna con su perfume favorito y se prende fuego? Hacer del suicido un tema superficial es un asunto serio. Preferimos dejar que la Muerte nos alcance, nos atrape y se haga un bocadillo con nuestros cuerpos. ¿Qué decir del suicidio de la Muerte?
Las cartas de suicidio son la comidilla de los grafólogos, junto a las recetas de los médicos y las firmas de los políticos en procesos judiciales. Una carta de suicidio de dieciséis páginas, por ejemplo, demuestra verborrea y una capacidad de ensayista en potencia. Si las cartas de suicidio van dirigidas a una sola persona, será una de las peores herencias. Post-it debería hacer una línea específica para notas de suicidio. Notas como "Me voy a buscar el paraíso" o "Me voy: no olvides dar de comer al conejo vietnamita y regar las plantas". ¿Alguien de la sala conoce a alguien que se haya suicidado siendo feliz? El agobio de las grandes ciudades, el estrés y las compañías de telefonía francesa pueden ser algunas de los motivos por los que se crean emociones negativas y llevan a la población a suicidarse. Pero cuando tu estado es pletórico, desayunas champán y tienes una vida que los demás consideran perfecta ¿por qué no hacerlo? Al llegar a la cúspide de la pirámide de Maslow, en ese momento en que le alpinista llega a la cumbre, ya no queda más que descender e ir a peor.
Llegar al "hilo de plata" por sobredosis de barbitúricos, alcohol y demás drogas también es una opción, pero la digestión es mala. Es como un mal vuelo. Quizá el turismo de suicidio sea un nicho de mercado: grandes fotos del paraíso, florido, gente volando en túnica. Ya existen predicadores que son buenos publicistas. Si te gustan más los viajes culturales el harakiri es una opción exótica de hacerlo. Si sólo tienes una navaja suiza a mano ¿cuanto tardarás en decidir que herramienta utilizar? ¿aprovecharás para limarte las uñas antes?
Ahora imaginad que hay una ola de suicidios de ancianos que han decidido en masa que no quieren que les alcance la Muerte y que están cansados de este absurdo de vida en la que a esa altura sólo regurgitan el pasado. Se tirarían a las obras como lemmings, provocarían avalanchas en las colas de los supermercados a posta, apretarían sus fajas hasta dejar de respirar.
No tengo la certeza de que el suicidio sea la mejor "forma de vivir" sólo planteo la cuestión moral de por qué no hacerlo y continuar viviendo, esperando en unos casos encontrar más tarde "El Paraíso", "La Nada" u "Otra vida".
¿Planear el suicidio? ¿apuntarlo en la agenda? ¿supone estar ocupado durante todo ese día? ¿hacerlo antes para no pillar colas en el agujero de gusano?
Nota: tu suicidio no debe implicar la muerte de otras personas ¿tirarse al metro y descarrilarlo? ¿Por qué hacer perder el tiempo a la gente? Cuando te suicidas tienes que saber que no podemos hacer nada con respecto a nuestro cuerpo. Se puede incluir un anexo a la nota de suicidio pero las cenizas pueden acabar en cualquier parte. Si te suicidas cerca del crematorio de tu ciudad ahorrarás costes a tu familia ¿El suicidio puede ser considerado? ¿Por qué es una liberación para uno y un engorro para el resto?

Gente que hemos dejado por el camino

Ya ni siquiera tengo vuestros teléfonos
Pienso fuerte en vuestras caras
Siento el amor que tengo al pensar en lo que os quise
Se me traba la lengua al pronunciar vuestros nombres
Pensando en si colocar vuestras fotos en las paredes
Quizás aparezca como secundario en algunos de vuestros sueños.

Dálmata

Acaricio su lomo duro como tabla de ajedrez desteñida,
blanco sobre negro sobre blanco, el cuerpo del poema, tenso
tachado y puntuado, desapareciendo en la ladera, morro enraizado
y vuelta a la porcelana fina y fría cuando duerme
porque está borracho de campo.

Chaqueta de tweed

Cuando me resguardé detrás de la cortina me di cuenta de que era el momento perfecto para recrearme en mis elucubraciones. Quería sacar algunas conclusiones de lo que había ocurrido en los últimos años. Pensé que al menos tardarían dos horas en encontrarme o quizá varios días. Hacía mucho tiempo que no me sentía tan tranquilo. Nadie, exceptuando yo, sabía dónde me encontraba. Tenía mucho calor y unas gotas de sudor recorrieron mis brazos hasta llegar a mis manos. Rectas y pegadas al cuerpo. Sólo tenía que ordenar los pensamientos por importancia y reflexionar sobre ellos uno a uno hasta agotarlos. Tuve el impulso de querer quitarme la chaqueta de tweed pero tuve miedo de que me descubrieran y no poder disfrutar de aquel momento. ¿Dónde dejaría la chaqueta de tweed en el caso de quitármela? Me descubrirían si la vieran colocada sobre el sillón. Estaría obligado a salir de detrás de la cortina, abrir el armario y colgarla en una de las perchas que hubiese libres. Otra gota cayó cosquilleando mi pecho. El estampado de la cortina hacía juego con mis calcetines. El sonido del pendulo del reloj de pared me relajaba. Fuera, el ficus centraba la atención a primera sobre la pared donde me encontraba, y eso me beneficiaba. Fijé mi mirada en el suelo y reparé que las puntas de mis zapatos oxford sobresalían de la cortina y en un impulso, abrí mis pies en una primera posición de ballet. Entonces decidí que era el momento perfecto para recrearme en mis aprehensiones.

Pizzicato


-         ¿Qué tal el violín?
-         Muy bien, pero lo he dejado en casa.
-         He pensado tantas veces en ti.
-         ¿En serio?
-         Sí, desde que me rechazaste aquel día.
-         Lo siento.
-         No me importó, la verdad es que ni siquiera lo recuerdo bien.
-         (…)
-         (…)
-         Sabes, este sitio está lleno de gente malvada.
-         ¿Sí?
-         Han robado la chaqueta a mi amiga.
-         ¡Oh!
-         Y acaban de decirme que no se me ocurriera tocarles.
-         No merecen la pena.
-         En realidad, aquel día me gustaste porque me pareciste muy británico.
-         Gracias.
-         Y me gustó mucho la chaqueta que llevabas puesta.
-         Gracias.
-         Mis padres dicen que mi chaqueta es como un saco de patatas.
-         Gracias.
-         ¿Podrías darme un abrazo?

Hei se de Chun tian

Hua he wo de yanlei Hei se de chun tian Yanjing cai hong. Wo zai chi wo de shu Shou gou hui lai. Sanshi ci yi wo de sui Mingtian jiu kafei. Xibanya chun tian. Chuquu! Gushi ma! Wo bu yao wan niu. Tushuguan tian Hua hua xing xing Ni zhi zai nali? Hua hua qin quin Xiaojie chun tian. Wo bu qu ni de chu zhu che Chuqu! Taiyang!

Lista de palabras que he encontrado escritas en uno de los cuadernos de mi padre para ser buscadas en el diccionario para su exacta definición

Molécula
Neurálgico
Pócima
Bagatela
Funesto
Preservar
Sazón
Ratio
Onza
Bardo
Homicidio
Ensueño
Inefable
Indolente
Prepucio
Azimo
Dintel
Holocausto
Escribano
Regaliz
Leguminosa
Vesícula
Efod
Adulador
Obelisco
Lisonjeo
Sardónico
Soliloquio
Trocado
Seudónimo
Hiperbólico
Edipo
Vestal
Coetáneo
Antiácido
Genealogista
Tropo
Veleidoso
Ceballos
Dogal
Aura
Consciencia
Apnea
Queratina
Diáfano
Alféizar
Adefesio
Cactácea
Alud
Linóleo
Oclusión
Comezón
Rebullo
Quimera
Fálico
Ocluir
Varado
Savia
Definir
Axón
Filiforme
Estadística
Utopista
Liberal
Disidente
Hirsuto
Genoma
Inmunidad
Fluctuar
Repelús
Falible
Catarsis
Senilidad
Arbotante
Iris
Descripción
Ebúrnea
Lúdico
Proletariado
Azuela
Laico
Bonete
Promiscuo
Agnóstico
Albedrío
Albino
Azocar
Adefesio
Amnesia
Antílope
Aborto
Ajada
Azogado
Ambrosía
Ameno
Agio
Autóctono
Bramante
Candor
Citoplasma
Contemporáneo
Crepitar Ángulo
Comezón
Circuncisión
Decibelios
Dislexia
Discernir
Diagrama
Endogamia
Dogal
Ensueño
Edulcorante
Ecología
Eufemismo
Epigastrio
Emperifollar
Etimología
Eyaculación
Equidad
Etílico
Escrachar
Ebúrnea
Famélico
Flebotomía
Falible
Faltuza
Ficus
Funesto
Genoma
Grima
Galdosiano
Inmunidad
Incesto
Imputado
Insolvente
Levadura
Linóleo
Lóbrego
Libra
Ijada
Ictericia
Irisar
Inquina
Inocuo
Leguminosa
Libidinoso
Masonería
Mancebo
Jirones
Lucrativo
Libación
Ninfomanía
Onza
Óvulo
Oblea
Oxoniano
Oblonga
Mojama
milla
Malvasía
Miología
Paranoia
Poluto
Prófugo
Plagio
Pederastia
Políglota
Queratina
Raciocinio
Refrendar
Repelús
Rala
Saña
Senilidad
Supresión
Sima
Timorata
Sucedáneo
Somnolencia
Trocado
Testaferro
Toxina
Ungir
Vestiglo
Varadeo
Veleidoso
Verborrea.



Mingtian

Jintian, xiaban wo mai yi hei se de maozi yinwei wo leng. Wo zoulu jie he wo chi chaomian he chaofen. Daxue you hen duo xuesheng xianzai.Wo xihuan xuexi keshi wo yao hui lai he shuijiao. Wanshang wo yao gen tamen de nan de pengyou keshi wo xiang he lu se de cha gen wo de jiejie. Ta luyou hen duo he ta shuo putaoya he fayu hen hao. Wo ai ta duoshao. Mingtian wo hui kai Baceluona. Wo qu le Baceluona san ci. Wo you yi nan de pengyou nali. Wo hui dai duoshao yifu he yi qiao keli dangao. Wo fangjia. Shi yue qian wo bu fanjia. Yi yue shi hen chang he wo yao du, xie he xuexi danshi wo hui dai wo de diannao.

Peluquería III.



Desperté de un sueño en el que estaba charlando en la cama con Benjamin Biolay.

- ¿Está bien la temperatura del agua?
- Eh--eh…sí, gracias.
- Pasa por aquí.

Me sentó en una silla que podría girar sobre sí misma. El peluquero no me preguntó que quería, se dispuso a cortar directamente la melena. Las tijeras como prolongación de su pene. No miré en toda la sesión al espejo.

- Eres muy guapo – me dijo-.
- Gracias.

Pensé que en un mundo ideal eso supondría un plus y que el corte de pelo me saldría gratis. Apareció en escena Perdita (supe su nombre porque lo tenía bordado en la solapa) y me vi sorprendido en medio de una una máster-class sobre mi cabeza.

- Éste es el undercut.
- ¡Qué guay! – gritó Perdita.

Yo sentía que no estaba ahí del todo, que todavía estaba en la cama con Benjamin Biolay. Más que nunca como un maniquí.

- Es el corte de la nueva temporada.
- (¿Cuál será el de ésta?) -me pregunté.

Casi tocando mi barbilla con el pecho, el peluquero comenzó un interrogatorio sobre mi vida personal. Y para reducir ese interés y en un acto de abulia, arranqué a hablar y a hablar mientras de mi cabeza saltaban mechones despedidos y borboteaban mis palabras entre las cuales se encontraban: Benjamin Biolay, Antonioni, café y Fin de Año.

(Suenan “The Drums” a todo volumen)

- Es la primera que vienes ¿no?
- Sí.

Mantuve los ojos cerrados el resto de tiempo. Olía muy bien: lavanda o flor de la pasión.

Entró en el cuadro una señora pelirroja con el pelo muy rizado y en ese momento sentí que dejaba de ser el protagonista. Perdita la atendió en recepción pero el peluquero no paró de cortar y contar, no se da prisa por acabar y pidió a Perdita que le lavase la melena. Me imagino qué le dirá a la señora mientras masajea sus sienes. Quizá estuvieran hablando de mí.

No me había mirado todavía al espejo, puede que estuviese muy guapo o fuese un desastre.

Pienso: podría decirle al peluquero que si me deja bien, cada vez que vaya a cortarme el pelo a su peluquería escribiré un microrrelato, y si ese microrrelato es gracioso, volveré para cortar, teñir y escribir.

Por fin la prueba, erguí el cuello y al enfrentarme a mis propios ojos, dije: me gusta mucho, gracias.

Leche


Mantén el vaso de leche a juego con tus
calzoncillos,

agárralo antorcha y camina hacia mi
ardiendo.

Cuidado no tropieces con los cables,

existe ya una Vía Láctea en el cielo.

Thor

Lo conocí a la salida de una discoteca. No recuerdo su nombre. Me llevó a casa en brazos demostrado tener una fuerza sobrehumana. Ese verano había decidido no hacer dieta. Le di mis llaves y consiguió abrir las puertas con una sola mano mientras sostenía mi cuerpo con el otro brazo. Su pelo engominado despedía un olor a plástico y dulces. Me sorprendió que su barba fuera débil en comparación con el matojo rizado que cubría su cabeza. Parecíamos unos recién casados cuando entramos por el umbral de mi dormitorio. Le dije que me disculpase un momento para ir al baño. Aproveché para retocar mi maquillaje, cardarme el pelo hacia un lado tapando uno de mis ojos a lo Verónica Lake, y embutirme en un picardías de seda violeta. Para hacerme de rogar, me pinté las uñas de los pies y tardé veinte minutos soplando sobre ellas y sólo paré cuando me di cuenta de que estaba hiperventilando. Una gota de perfume. A lo lejos él me comentaba que le gustaba mucho el papel de pared que había elegido. Antes de que comenzara a hablar sobre él, salí del baño lentamente haciéndome la vamp y me acerqué a la silla de mimbre de orejas donde reposaba. Sus besos desconocidos eran tan apasionados como el de cualquier exnovio conocido. Sin desvestirse, me quitó el camisón y arrancó mi ropa interior. Mi vanidad por un momento me hizo pensar “quién rompe paga” pero me dejé llevar pensando en las próximas Rebajas. El logotipo de su camiseta en forma de puño comunista parecía que me estaba penetrando con sólo mirarlo. Le bajé los pantalones de cuero y descubrí un clítoris. No me molestó, porque sentía que su lengua estaba erecta, sus pies estaban erectos, su cabeza estaba erecta.

Diván

Lánguidos huesos mullidos a los perdedores los hace musos
Tantas manchas de maquillaje tantos pelos rizados tantos cojines de borlas
Estandarte decadente al que se agarra el silencio.
Las axilas succionan humo de cigarrillos blancos la escultura de carne en su tumbas barnizada suspira.
Llevas la corona de laurel (desparramada) y el cetro sexual pero no te confundas:
Sigues siendo el bufón.

Axilas

Olor descriptivo de qué – axilas
dulce alarma de melocotón

Primer día de putrefacción
…
Mi cuerpo me está violando
…
El marco de mis brazos delgados,
unidas las manos apuntando al techo

No hay mejor perfume - he fabricado
excedente de ingrediente secreto
…
Orgasmos desprendidos – axilas

Me reconozco
estoy vivo
demasiado verano

Órganos planos – axilas
…
No me escondo
es un abrazo
fuerza quieta del soy contenido

Alucinación hormonal o
irreconocible valor del esfuerzo aburrido
…
Nostálgicos puentes – axilas
…
Abiertas como bocas de pez
Como plantas carnívoras.
…

Máscara (Los diamantes también son el mejor amigo de los hombres)

Joserra y Marc acordaron en reunirse en casa del primero para concretar el Plan. Se habían conocido hace unos días cuando se sacaron las navajas mientras deambulaban por el polígono industrial. Ya habían decidido qué hora sería la H, qué coche C utilizarían para el alunizaje y qué joyería J robarían. Sólo les quedaba por acordar algunos pormenores p. Después de varios güisquis solos, Joserra le abrió su corazón a Marc tanto como se le puede abrir a alguien con quién decides cometer un robo (completamente y asumiendo todas las consecuencias). Marc asumió de forma natural que Joserra quisiera utilizar una careta de Greta Garbo para el robo, y estuvo de acuerdo, y él utilizaría  la de Marlene Dietrich.

Esa noche todo salió a la perfección: Greta y Marlene estaban estupendas vestidas de negro de pies a cabeza. Dentro del coche robado se miraron lánguida y misteriosamente y realizaron un alunizaje perfecto y elegante. Se apresuraron a robar las mejores piezas y volvieron a casa derrapando, abandonando el Ford F en el descampado D y cargando con los sacos llenos hasta casa.

Pero esa madrugada, rodeado de gargantillas de rubíes y cafés solos, Joserra asumió sin sorpresa que Marc quisiera probarse una de los collares de diamantes frente al espejo.

Joserra se acercó sigilosamente a él con una corona de amatistas estilo Luis XIV y le entregó unas pulseras de zafiros y oro blanco para que se las pusiera.

Se desnudaron completamente, dejando las alhajas sobre sus cuerpos llenos de marcas,  heridos por arma blanca desde la infancia. Se hicieron fotos que quedaron cegadas por la combinación del flash sobre las piedras preciosas. Apagaron las luces y se dijeron tres veces Elisabeth Taylor. Rieron.

Nadie los vio, pero el choque de las joyas produjo un tintineo que delataba que se besaban en la oscuridad.
****



Ella

Tu cigarro no se consume nunca.
Eres una estrella a punto de explotar.
No duermes.
Tú teléfono siempre está apagado.
Te quiero.
No te creo.
Pero me haces sentir especial.
Me vale.
Me humillas con tus desprecios.
Pero al menos van dirigidos a mí.
Es sólo mío este dolor.
Tu sonrisa siempre es sarcástica.
Mitómana.
Tienes pósteres de ti misma.
No sueñas.
Te vengas de mí con tu belleza.
Me retas desnuda frente a mí.
Me has robado a mis amigos.
Les caes mejor a mis padres que yo.
Siempre serán míos.
No comes.
Tu personalidad caleidoscópica.
Te ríes de mí.
Mi forma de vestir es la adecuada.
Me dices que soy un chico fácil.
Sabes que nunca llego al final.
Será que soy difícil.
Me escupiste.
No te soy indiferente.
Mis silencios son más fuertes que tú.
No sé de quién me hablas.
Pero me hablas a mí.
Eres un favor para mí.
Estoy conectado.
Te soporto soportándome.
Me obligaste a mirarme al espejo.
Me insultaste.
Tu copa de vino siempre está llena.
Me robaste mi mejor camiseta.
Dices que te queda mejor a ti.
Invadiste mi casa, mi cama.
Me obligaste a escuchar tus discos.
A leerte el horóscopo.
No me diriges la palabra.
Tus amigos que antes eran los míos.
Ni siquiera saben que existo.
Te necesito.
Querría ser como tú.
Tener a alguien que me adore.
Durante la noche agradezco.
Fui un esclavo.
Pero apareció ella.

"El aprendiz de ayunador" por Juan Carlos Ceballos Cristiano

Por motivo de unas jornadas de trabajo intensas en la oficina, llevaba tres días sin comer. Sin llevarse nada a la boca. Sin probar bocado. Y ni siquiera se había dado cuenta. Por lo que aprovechando la ocasión decidió hacer ayuno. En las últimas décadas muchos presos políticos o políticos en libertad hacían huelgas de hambre para reivindicar una causa. Este aprendiz de ayunador no sabía que excusa poner como lucha para su falta de hambre forzada. Tendría que pensar en ello. Hacer una tabla en Excel con las más llamativas o mandar un correo masivo para que la gente opinara. Él simplemente se dejaba llevar por el ayuno, pero tenía que fingir que lo hacía por una razón “seria” o altruista. Ya sabéis, una razón por la que merezca la pena morir de inanición. También había escuchado que algunas superestrellas religiosas la practicaban para estar más cerca de Dios. Tendría que pensar en eso también. Tendría que decidir a quién quería acercarse con aquello, aunque no le importase en absoluto. Lo apuntó en un post-it. Puso la foto de Gandhi en el salvapantallas del ordenador. No tendría que moverse de la silla del despacho, se alimentaría de números a partir de ahora. Pensó que nadie había propuesto una dieta basada en números. Ya sabéis, en integrales, por ejemplo. Por no hablar del dinero que se ahorraría en trajes. El cinturón y la corbata podrían ajustarse cada vez más a su cintura y cuello en cuanto fuera adelgazando. Sus compañeros de trabajo no notaron su bajada de peso. Estaban demasiado ocupados en aprender a utilizar los palillos para comer la comida china para llevar que cada noche compraban en el restaurante de la calle donde se encontraba el rascacielos. Subir los ochenta pisos en ascensor era el mejor deporte para el ayuno. Y hacía este trayecto varias veces durante el día, en los descansos. La gente admiraba a este aprendiz de ayunador por el simple hecho de que no llamaba la atención. Sabían que estaba allí, encerrado en uno de los despachos de la planta cincuenta y siete. Y no daba problemas. La taza que solía utilizar para el café ya pesaba demasiado, entonces ¿por qué hacerla más pesada llenándola de agua? Sí había oído que algunos de los mejores ayunadores se permitían el lujo de beber un poco de agua de vez en cuando o mojarse los labios, pero para él eso era hacer trampa. Pasaban las semanas y nadie reparaba en el aprendiz de ayunador. En las reuniones creían que no estaba allí o que estaba de perfil mirando a la puerta, inquieto por salir de la sala debido a algunos asuntos urgentes que debía resolver fuera. La silla de cuero cada vez se le hacía más grande. Se resbalaba y caía debajo de la mesa. Tres veces al día el aprendiz de ayunador se agarraba fuertemente a ella y daba vueltas sobre sí mismo durante algunos minutos. Era otra de las disciplinas deportivas que se imponía como ayunador. Si el resto de sus compañeros normalmente no solían hacer nada en el trabajo, escaqueándose constantemente, perdiendo el tiempo en la máquina de café o yéndose de compras, él les ganaba porque no sólo no hacía nada sino que llegó un momento en que no podía hacer nada más que ayunar. Era su propio jefe en aquella empresa. Tomaba sus propias decisiones con respecto a como conseguir los objetivos y con qué estrategia. ¡Y con el mínimo gasto! Fue un problema cuando llegaron las vacaciones de Navidad. Ya habían pasado cuarenta días desde que decidió aprovechar el tren del no-hambre que paró en aquellos primeros tres días de jornadas intensivas. Hasta su propia secretaria dejó de verle. Ella pensó que estaría en las Bahamas. Con el esfuerzo que suponía asistir a las últimas reuniones antes de acabar el año, lo confundían con un paragüero, intentaban colgarle en las orejas gabardinas y bufandas. La señora que se dedicaba a limpiar la oficina pensó que era un ficus en mal estado y lo regaba. Esto era un sufrimiento para él porque no quería tomar agua y tirar por la borda tantos días de disciplina. Cuando habían pasado noventa días le invadió un ataque de ego pensando en que normalmente los grandes ayunadores de la historia necesitaron de los medios de comunicación para dar cuenta de su proeza. No pensaba así antes, pero había llegado un punto en que sentía que estaba haciendo algo grande mientras el se empequeñecía, sobre todo porque no se apoyaba en ninguna razón que supuestamente le diera fuerzas para mantenerse en ese estado. La nada para llegar a la nada. Quería compartir esa felicidad con el resto. Como dijimos antes, su sigilosa estrategia empresarial-corporal con el mínimo presupuesto. Pero antes de intentar apretar cualquier botón, lo acabaron intuyendo sobre la alfombra de su despacho cuando se desmanteló la oficina para traspasarla a la planta setenta y tres. Pillaron in fraganti a uno de los mozos de carga llevando unos gemelos de oro blanco que adornaban las mangas de su uniforme sucio. Su familia no tuvo que gastar ni un solo billete en la incineración. Se había volatilizado. Había cerrado un perfecto trato consigo mismo. Un ayuno con un cero absoluto en la columna del pasivo del balance de su cuerpo.

NO-MICRORRELATO

Este texto no es nada interesante. De hecho, es lo más aburrido que has leído en mucho tiempo. No tiene principio, nudo o desenlace. Los crearás tú decidiendo leerlo, aguantando hasta el final y extrayendo tus propias conclusiones. Tú eres el personaje principal y el secundario. Se podría decir que es un contador de palabras. Una suma de caracteres. Una cuenta matemática. Un timo. Su género sería “cara dura”. Las “musas están de vacaciones” podría ser su título o quizás “pérdida de tiempo”. Ni  siquiera servirá para comértelo como una sopa de letras. Este texto está crudo, apuntaría que está incluso vivo. Te convertirás en un caníbal de la literatura si lo lees y tendrás una digestión pesada. Es un antídoto para que el resto de cosas que leas te parezcan buenas. Es un medicamento. Recomiendo que repases este texto dos veces antes de comenzar “El hacedor (de Borges) Remake", de Agustín Fernández Mallo. Lo peor es que ni siquiera se ha escrito bajo los efectos de ninguna droga ni por enajenación mental. No tendrá un final abierto. Aviso por adelantado que el peso del texto no recaerá en la última frase.

Las señoras que se cuelan en los supermercados son La Muerte.

Esa señora que parece indefensa es La Muerte. Carga en sus bolsas de plástico huesos y huesos de gente. Por eso se desespera cansada en cada esquina y tiene que caminar lenta, respirando tres veces seis por cada compra de carne humana que pesa. Luego en casa los maquilla para el viaje definitivo. Sólo los ricos viajan en carro de la compra. Hay varias señoras que hacen ésto. Que son La Muerte. Mediadoras de Lo Oscuro. No les pagan muy bien pero es lo que tiene haber firmado un contrato con sangre. Estas señoras no envejecerán más. Pero cambian de cuerpo varias veces. Es una de las razones por la que la población en el mundo está envejecida. La Muerte se mantiene viva.

Rayuela (Consejos de juego para hombres heterosexuales)

Muchos hombres heterosexuales juegan a la Rayuela sobre el cuerpo de las mujeres y pierden: 1, 2, 3, 4, 5, 6, 7, 8, 9, 10.
Quizás ellas prefieran el 4, 6, 8, 9, 10, 1, 3, 4, 2, 5.
Quizás a veces sólo les apetezca el 5, 5, 5, 5, 2, 3, 5, 5, 5.
Las tetas en Nicaragua, Japón o Sudáfrica son iguales.
No pienses que todas las tetas esperan dólares.
No pienses que las tetas esperan.
No pienses.
No pienses mientras chupas sus ojos de leche mientras el Gran Ojo te observa.
Intenta conocerla mejor haciéndole una radiografía en horizontal.
Hazlo tan bien que su cuerpo retenga en su memoria de carne lo que le hiciste.
Escribe en su espalda con el dedo “aliento” y en su vientre todavía no embarazado “siempre”.
Intenta que sus orgasmos cuenten más de 10.
Que la Rayuela dure lo máximo: una calle entera, un malecón. Hasta el mar.
Leed algo después.
Tacha en tu agenda su nombre si quieres. No es un contrato.
Apunta su talla de sujetador, si quieres, pero sólo para regalarle uno al día siguiente y coser tus iniciales en él.
Y háblale de la “futilidad de la memoria” para justificar que mañana
no será sólo una cruz en la lista.
Que será algo más que Emma, Sofía o Giovanna.
Que será.
Que serás.
Que.
Que tú para ella no serás un dildo más.
Qué tú para ella serás algo más que Claudio, Tizziano o Giulio.
Que tú para ella eres también una Rayuela.

Parto (A Genoveva)

En la piscina un verso escrito por cada largo nadado.
Burbujean las ideas.

Sumergido como en el útero de mi madre me observa
como si se viese desde fuera.

Parece decirme: no vayas tan lejos a encontrar la respuesta porque es de mí de donde te llamaron.

Corto el cordón con este verso,
el ombligo es de papel rayado.

Dos hostias en los dedos de tinta
me obligan a firmar en el Libro
de familia
sin seudónimo.

Todos los poetas son primos.
Todas las madres son actrices.

Charca

Es la hora de la comida.
Un mazo sobre la mesa.
Me estoy volviendo loco o aburrido.
Me daré un baño en la charca llena de libélulas.
Paro seco. Un pie sumergido.
Hormigas de buda sobre mi palma de la mano
terráquea del mundo.
El agua forma un monasterio de almas rasgadas.
Reflejaré mis dudas de plata en las escamas
tornasoladas de los peces.
Mi esperanza sobre los renacuajos.





Calzoncillos blancos

Tus calzoncillos blancos te delatan
en la oscuridad que vienes hacia mí

Tus testículos tienen andar de pato

Y el roce del algodón con los huesos
preludio del sexo emparedado

Futuro abrazo bípedo,
resbalas levitando por el pasillo
como en el túnel yendo hacia la luz
de mi cama.

Tus calzoncillos blancos te delatan,
luciérnaga que circula tonta
en el túnel yendo hacia la negritud
de mi cama.

Sin sorpresa. Sin Susto

Tus calzoncillos blancos se camuflan
en mis sábanas.

Carretilla de obra

Máquina discapacitada
Es un perro más de metal

Vigila la tierra y la carga

Reposa vacía sobre sus muletas y su ojo rodante

(Cíclope
Dos astas
Volante)

Sufriendo la gravedad de las sales minerales
Compone la música turbulenta del camino

(Arde a la sombra)

Cruz marxista al ras
Hierro que carga amasijos de hierro

Podría construir palacios
(Es sólo una cuestión de Tiempo)

Siglos de suelo.

Columpio en el árbol

           péndulo de hipnosis infantil
 espejo de risas jocosas
                        catapulta risueña
       divertida rosa borrosa

 pájaro de cuerda y madera 
        atracción verde de feria sumisa
 esta higuera soporta tus nervios
              anexo de venas de fibra

             /silla de angelitos/

    velas de sol en la sala de espera
 es el misterio entre quién empuja
                            y vuela

(newton come brevas,
                                 nada grave).

La bala en el agua.

No hay que ser un cowboy para darse cuenta de que esta piscina tiene forma de pistola.
Después de quince largos de ruleta rusa me he sentado a tomar el sol en el gatillo desnudo.
La pistola de cloro está rodeada de margaritas y apunta directa al potro que huye asustado por la violenta forma de los azulejos azules. En el silencio
Mi metro setenta y dos se tensa esperando el próximo disparo:

Esta vez la bala volará al estilo mariposa.

2 kilómetros de puente (A Adelien)

observar el atardecer desde la entrada del Puente 25 de Abril es como poner la guinda a un pastel de nata hecho por las manos delicadas de una monja que jamás tocó sus pechos

(Camino rápido como un rayo matando ovejas)

Soy un guiño en un vagón de metro atestado de gente.
Mis pensamientos corren breves como las bolas en la jaula del bingo.

No volveré a querer a nadie. Tú serás la última.

El que de pie, siente que la cabeza está enterrada en la tierra.
Los pies pesados levitan, el agua y el aceite se mezclan.

El que templado, en su punto de combustión espontánea
sin querer hablar, haciendo de la cocina Tierra Santa y del baño celda.

Mis pupilas dilatadísimas por la excitación de vivir vendados
por un jirón de camiseta de flores gastadas.

Las veinticuatro horas con la manzana sobre la cabeza.

Afeando mi cara, dejando crecer el vello hasta que caiga al suelo.

Los pasos de pato perseguido por el zorro al que persigue el cazador gordo.

La manta del imán a 40 grados. La balanza con hierro y paja.

La alhaja bien diseñada pero falsa. La sonrisa postiza bien fijada.

La rima en a asonante cabalga sin estribos ni silla embarazada
arriesga a chocarse.

La tinta china y la pluma a desparramarse
sobre la mesa de mármol fría y expectante.

Vomito a mitad de garganta, limbo eterno y delirante.

Paz finalmente en silla de ruedas o guerra con fuegos altos, lindos y destelleantes.

(Risa entrecortada
respiración asistida
cuerpo tambaleante)

Ducha fría en verano, siesta transtornante.

Labios rojos de hedor repugnante.
Postales de la ciudad de Gante. Adelien, estás ausente en esta red social astral vibrante.
¿Puedes oírme?